#PapáMigrante: Dejar a los hijos es una apuesta con todo en contra

#PapáMigrante: Dejar a los hijos es una apuesta con todo en contra

Publicado el 19, junio 2016

Miles de padres centroamericanos dejan a sus hijos con la ilusión de realizar el sueño americano. Pero estos niños se quedan solos a merced de la violencia, en un ciclo perverso que parece nunca acabar.

Por: Omar Porcayo

QUERÉTARO, México — ¿A dónde se fue papá?, ¿lo volveré a ver?, se estarán preguntando Luna y Carlitos en la pequeña localidad de El Ocotillo, Honduras, este Día del Padre. Su papá, Luis, salió hace cuatro meses rumbo a Estados Unidos y no han vuelto a hablar con él.

En una mañana veraniega hicimos el recorrido  en coche para encontrar a Luis Pineda. Aún relativamente joven, espera tener largos años laborales a futuro.

Él, es parte de los más de 500,000 migrantes centroamericanos que cada año atraviesan México para llegar a los Estados Unidos. Es un viaje de más de 2,000 millas en el que se enfrentan a la hostilidad de las autoridades migratorias, a la indiferencia de la población y lo peor de todo, al peligro de las bandas criminales.

“Allá  no alcanza, no hay pisto, nada de nada. Entonces, ¿qué queda? Irse para el otro lado”, dijo a Barrio el migrante hondureño en su paso por la ciudad de Querétaro, en México.

“Creo que puedo mandarles dinero desde allá, para que vivamos mejor”, agregó.

El hondureño de 35 años decidió junto a su esposa, que emprender el viaje a un país desconocido, sin ningún familiar que lo espere, es mejor que soportar las carencias en las que viven.

La ilusión con la que dejó su pueblo, contrasta con la realidad apenas se internó en territorio mexicano. Viaja a la intemperie sobre los vagones del infame tren conocido como “La Bestia” y en Veracruz fue objeto de extorsión por parte del crimen organizado.

“Te piden cuotas pa’ que no te maten”, dijo con una sonrisa irónica que denotaba tristeza y algo de incredulidad.

México se ha convertido en una frontera inexpugnable para los migrantes centroamericanos.

migrantes
El crimen organizado extorsiona a los migrantes en estados de México como Veracruz. (AP)

“Hay muchas agresiones, los Zetas los están esperando y lo que no hacen ellos, lo terminan las autoridades con operativos que trasgreden los derechos humanos”, dijo vía telefónica a Barrio Martín Martínez, titular de la Estancia del Migrante, en Tequisquiapan, Querétaro, México.

“Tratamos de ayudar pero son desconfiados, ni siquiera se quieren quedar en el albergue por temor a que llegue migración. A veces miras trenes con 300 personas a bordo, otro día no viene nadie”, explicó el también activista que ayuda anualmente a 300,000 inmigrantes. Por su estancia, a un costado de las vías, pasa el 90% de los que viajan a EE. UU.

“Es algo muy grave que no queremos ver. Muchos son padres que dejan sus casas porque creen que van a ganar mucho dinero, pero no saben que atravesar este país, es lo más difícil. Hay cientos que no aparecen”, concluyó.

¿Y los que se quedan?

A cada padre que intenta llegar a EE. UU. le corresponde un hijo que se queda en Centroamérica, muchas veces a merced de las influencia de las bandas y el crimen.

“Todos en el barrio tienen que unirse, sobre todo para proteger a la familia”, contó Alejandro. Un joven de 16 años que decidió salir de San Pedro Sula, Honduras, para buscar a su mamá que vive en Houston.

“Yo he andado con las bandas, he hecho cosas sabes… no tuve infancia, mi mamá se fue a EE. UU. y no conocí a mi papá”, agregó.

San Pedro Sula ha sido denominada como la capital mundial de la violencia. Registra una tasa de 171.2 asesinatos por cada 100,000 habitantes. La mayoría de los crímenes son producto de la lucha de pandillas, integradas por jóvenes que crecieron literalmente en la calle.

“Es matar o morir… así es la cosa”, agregó el muchacho que salió de casa sin dinero, ni una dirección a donde llegar. Solo sabe que la ciudad destino es Houston.

Así se completa un círculo perpetuo de desintegación familiar. El padre deja su casa en una aventura con todas las probabilidades en contra, mientras los hijos se quedan solos, en una sociedad que solo tiene para ofrecerles una pandilla que los críe.

Omar Porcayo y Arturo López reportaron desde Querétaro, México. Fermín Rico y Romina Ruiz-Goiriena fungieron como productores ejecutivos desde México D.F. y Miami, Florida.  Grethel Delgado contribuyó con investigación para este despacho.




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