Científicos mexicanos investigarán la “partícula de Dios”

#Chingones: Científicos mexicanos investigarán la “partícula de Dios”

Hace falta un equipo de mentes brillantes para estudiar un enigma de estas dimensiones.

Cinco doctores de Sonora, en México, se unirán al equipo de científicos del Gran Colisionador de Hadrones, ubicado en las oficinas de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, para estudiar al bosón de Higgs, también conocido como la “partícula de Dios”.

La razón por la que lleva este nombre es porque es la responsable de dar masa, y por lo tanto formar, a todo lo que nos rodea, desde lo que vemos hasta lo que es imperceptible a nuestros sentidos.

José Benítez Rubio, Alfredo Castañeda Hernández, Javier Alberto Murillo Quijada, Daniel Tapia Takaki y Lizardo Valencia Palomo son los doctores de la Universidad de Sonora que colaborarán en el experimento llamado Solenoide Compacto de Muones.

Benítez Rubio explicó a la agencia CONACYT que esta investigación tiene distintos propósitos, pues la investigación del bosón de Higgs es muy amplia y abarca todo el estudio de los “bloques fundamentales”, que son el bosón y los quarks.

Una de sus principales áreas de observación será el decaimiento de la “partícula de Dios”, que es un proceso de estabilización mediante el cual se convierte en otras partículas, siendo el favorito de los científicos la transformación en quarks “b”.

José Benítez agregó que usarán una técnica experimental que no solo les permite observar el decaimiento, sino que también les podrá ayudar a descubrir otras partículas exóticas o supersimétricas, algunas de las cuales están relacionadas con la materia oscura.

“La materia oscura es un tipo de partículas invisibles a la luz y a la radiación electromagnética, es algo misterioso, se conoce muy poco de ella, y científicos tienen evidencia que la materia oscura representa 20 por ciento del total de materia en el universo”, aclaró Alfredo Castañeda.

Los mexicanos también analizarán las propiedades del plasma de quark o los gluones, también conocidos como la “sopa primitiva”, que es un estado de la materia técnicamente desconocido que existió unos segundos después del Big Bang, y que dio paso a la conformación de todas las demás moléculas que conforman el universo.

Por su parte, Javier Murillo, se enfocará en observar las colisiones de iones pesados, en particular con núcleos de plomo acelerados a muy altas energías, para determinar qué usos se puede dar a los campos electromagnéticos que estas producen.

Además, todo el equipo colaborará con las más de 4,000 personas que trabajan en el Gran Colisionador de Hadrones, para monitorear la luminosidad y los niveles de radiación que se presentan en las colisiones.

“El proyecto BRIL se encarga básicamente de dos cosas: la medición de la luminosidad (número de colisiones por unidad de tiempo) y niveles de radiación en el experimento. La primera medición es fundamental ya que todos los análisis de física la usan para llevar a cabo los análisis de datos que resultan en las publicaciones y se necesita que la luminosidad sea lo más precisa posible, mientras que la segunda permite estimar la dosis de radiación a la cual los detectores son expuestos y, de esta manera, evitar posibles daños a su estructura y dispositivos electrónicos”, afirmó Daniel Tapia.

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